¿No viajas por miedo a los aviones?… Te decimos cómo superarlo

Aunque es cierto que los accidentes aéreos son poco frecuentes, a ningún pasajero que tenga miedo le tranquilizará la bienintencionada frase «Pero, ¡si volar nunca ha sido tan seguro!». El miedo no atiende a la lógica o a la razón. En realidad, parece que va acompañado de mucha ironía: el hecho de que los accidentes aéreos sean tan poco probables es lo que hace que sean tan aterradores en la mente de la gente. Pero volar esuna de las formas de transporte más seguras: en 2015, más de 3500 millones de pasajeros tomaron 37,6 millones de vuelos, y solo hubo cuatro accidentes mortales.

Para que no pierdas la oportunidad de explorar y experimentar todo lo que nuestro maravilloso mundo tiene que ofrecer, aquí te contamos cómo librarte de tu miedo a volar.

No tengas miedo de las turbulencias

Hay una buena y una mala noticia: la mala noticia es que puede que el cambio climático aumente las turbulencias, incluidas esas turbulencias que aparecen de la nada cuando el cielo está despejado. La buena noticia: las turbulencias solo son una incomodidad y no son tan peligrosas como te imaginas; de hecho, los aviones no se mueven más de seis metros durante la sacudida. Igualmente, las alas no se van a romper, algunas de ellas pueden incluso doblarse hasta 90 grados, y el avión no se volteará de repente. Sin embargo, las turbulencias grandes pueden causar lesiones, así que asegúrate de abrocharte el cinturón cuando la señal del cinturón de seguridad se ilumine y siempre que estés en tu asiento.

No te preocupes por otras cosas perturbadoras

Volar es como nadar: hay un flujo continuo de aire, y no hay agujeros o bolsas de aire (solo en forma de turbulencia, véase el punto anterior). Así que, al igual que no puedes caerte al fondo de un lago o de un océano, no puedes caerte del cielo. ¿Te preocupan los motores? Los motores de los aviones se comprueban constantemente y, aunque se diese el muy poco frecuente caso de que fallasen los dos a la vez, un avión que vuela a 30 000 pies puede planear hasta 160 kilómetros sin motores e intentar un aterrizaje de emergencia. Por último, pero no menos importante, si te da miedo que alguien pueda abrir las puertas a mitad del vuelo, deja de preocuparte: las puertas están bloqueadas y la diferencia de presión entre la cabina y el exterior impide que esta leyenda urbana se haga realidad.

Descarga una o dos aplicaciones

Existe una aplicación para todo en la vida y el miedo a volar no es una excepción: la aplicación SOAR te dará apoyo antes, durante y después del vuelo con vídeos, información sobre turbulencias, un medidor de fuerza G, pronósticos del tiempo y mucho más. Si eres fan de las estadísticas, prueba la aplicación Am I Going Down, que hace exactamente lo que promete el título: Escribes los datos de tu vuelo y conoces la probabilidad que tienes de sufrir un accidente. Puede parecer algo morboso, pero como los accidentes aéreos son muy infrecuentes, ver las probabilidades puede ayudar. Para que veas lo tranquilizadora que puede ser la aplicación Am I Going Down: si vuelas desde Londres hasta Nueva York, la probabilidad de sufrir un accidente aéreo es de 1 entre 5,3 millones. Para morir en un accidente aéreo haciendo esa misma ruta, tendrías que volar todos los días durante 14 716 años.

Intenta distraerte

Cuanto menos tiempo pases pensando en los riesgos, interpretando cada ruido y observando cada paso que dan los asistentes de vuelo, mejor lee, juega a algo, ve todas las películas y escucha tu música favorita todo lo que puedas. Si no te apetece hacer nada de eso: dormir y comer también son buenas maneras de hacer que el tiempo pase volando.

Practica ejercicios de relajación

Aunque no te de miedo volar, los diminutos asientos y el poco espacio para las piernas pueden hacer que te agobies, así que los ejercicios de relajación y meditación son muy útiles. Haz una búsqueda en Google (o en la tienda de aplicaciones) y descárgalos o imprímelos para que puedas practicarlos también durante el aterrizaje y el despegue. Cuando la señal del cinturón no esté encendida, estira las piernas (y otras partes del cuerpo) y camina de vez en cuando.

Cuéntaselo a la tripulación o a otro pasajero

A veces puede ser de ayuda contar a tus compañeros de asiento o a la tripulación de cabina que tienes miedo. Diles lo que pueden hacer para ayudarte: quizás quieras que te dejen en paz o que te recuerden que hagas respiraciones profundas, o quizás prefieras que alguien te escuche hablar de lo que te da miedo. Los asistentes de vuelo tienen experiencia ayudando a pasajeros con ansiedad, pero es posible que no puedan levantarse y ayudarte durante el despegue y el aterrizaje. (En esos momentos es cuando son muy útiles los otros pasajeros).

Afronta el miedo con un profesional

La ayuda profesional con talleres y sesiones de terapia puede servirte para abordar los problemas de ansiedad o claustrofobia. Muchas compañías aéreas hacen su parte ayudando a los pasajeros a superar el miedo a volar ofreciendo la llamada terapia de exposición: los pasajeros toman clases con información sobre lo que ocurre en la cabina de mando y vuelos reales. A veces, la mejor terapia es enfrentarse directamente a los miedos.

Céntrate en lo que hay al otro lado

Piensa en los increíbles bares de tapas que conocerás en Barcelona, el delicioso sushi que vas a devorar en Tokio y en el café que beberás mientras ves pasar a la gente en Notting Hill… Todo eso está al final del viaje que te atemoriza, y verás que (aunque esto ya lo sabes en el fondo) valen mucho la pena.