E

n nuestra sociedad estamos acostumbrados a negar la muerte. En este momento histórico cuando alguno de nuestros seres queridos enferma, va al hospital y pasa ahí los últimos días de su vida, alejado  de su entorno, de la calidez de su hogar, de su familia y amigos, sólo unos pocos pueden acompañarlo y despedirse.

Esta forma de vivir que tenemos en las grandes ciudades y cada vez mucho más expandida, hasta en ciudades mucho más pequeñas, tanto el que va a morir, cómo familiares y amigos que tendrán una pérdida, ya no tienen la oportunidad de iniciar el proceso de duelo.

¿Qué es el duelo? 

El duelo es un proceso de adaptación que nos permite restablecer el equilibrio personal que ha quedado alterado por una pérdida.

No es lo mismo poder acompañar, ver el proceso, y no ver a la muerte como algo lejano y fuera de nuestros ciclos naturales de la vida.

Cuando nos alejamos de los procesos naturales de la vida, cuando ya no los observamos en nuestra cotidianidad, como es la caída de las hojas en otoño, o el invierno que trae consigo la aparente muerte de mucha parte de la naturaleza para  dar paso a la vida que traerá la primavera, resulta muy difícil  asumir la llegada de los años, terminar una relación, hacer cabios en la vida. Cuando sólo lo sabemos cómo teoría, pero no observamos a la naturaleza. No hacemos consciente los ciclos naturales de la vida.

Muchas veces privamos a los niños de entender este proceso de vida-muerte en las mascotas, algunas madres remplazan al pez que murió,  o al perro inmediatamente  para que el niño no sufra y no damos espacio para que él comprenda los procesos naturales de la vida, acompañado del amor del adulto para explicar el proceso, de vida y muerte.

Para el adulto, en algunos casos resulta muy complicado  poder acompañar al niño por que él mismo no tiene asumido este proceso. 

Y a ese adulto le puede resultar muy intrincado soltar el pasado, una antigua relación, un trabajo, la muerte de un ser querido, su economía, su pareja, los hijos.  

En este momento estamos perdiendo la forma de vida que conocíamos antes de la pandemia

 

Las consecuencias emocionales están directamente relacionadas con la persona o cosa que hemos perdido, y también con el cómo sucedió la pérdida, el tiempo de relación e intensidad de esta. La pérdida produce desestructura y desorganización interior.

A pesar del dolor que esta pérdida pueda causar, el duelo emocional es un proceso necesario y ayuda a adaptarse y restaurar el equilibrio interior.

 

Emociones más comunes ante la pérdida:

Tristeza, enfado, culpa, autoreproche, ansiedad, soledad, rabia, impotencia, anhelo, alivio, miedo, vacío.

Pensamientos más constantes:

Incredulidad, confusión, preocupación, sensación de irrealidad.

Sensaciones físicas:

Opresión en el pecho, opresión en la garganta, hipersensibilidad al ruido, vértigos, irregularidad en el ritmo cardiaco, falta de aire, debilidad muscular, falta de energía, vacío en el estómago.

Conductas más frecuentes:

Soñar con la persona, evitar recordar a la persona, suspirar, llorar, atesorar objetos, apatía, desgano, alteraciones del sueño.

Las pérdidas traen consigo mucha ansiedad, porque escapan de nuestro control y esto nos hace sentir inseguros.

Para equilibrar las emociones tenemos que aceptar la PÉRDIDA con todas las emociones que eso implica, enojo, soledad y otras emociones y pensamientos que ya mencionamos. Cuando te permites sentir y expresar tus emociones y pensamientos es más probable que puedas  aceptar la pérdida, y esta aceptación no significa que no pases por sentirte derrumbado en algunos momentos.

Sólo cuando hemos aceptado la pérdida, es cuando podemos dar paso a cerrar  el proceso del duelo.

Entramos en equilibrio físico, emocional y mental, y podemos  seguir con toda nuestra energía en construir nuestros objetivos y sueños. Cuando no cerramos los ciclos  de pérdida y procesamos el duelo ya sea de temas, de terminar con una relación que fue significativa, un trabajo, la perdida de dinero, un estilo de vida, o de la muerte de un ser amado. Si sólo pasamos página como si no existiera el dolor, nos vamos anestesiando ante lo que sucede en nuestra vida y vivimos fragmentamos, atormentados.

 

Muchas veces es necesario buscar la ayuda de nuestra familia, amigos o un terapeuta que nos acompañe a procesar el duelo.

 

Recuerda que el duelo es lo que nos ayuda es a recobrar el equilibrio que se perdió.

 

Endora Sortibrán

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